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29.Ago.08 :: Centroamérica

Nicaragua: El comandante Cero recuerda la toma de Palacio Nacional. 19 de julio 1979




Edén Pastora Gómez permanece de pie a pocos metros de la misma puerta del Palacio Nacional, que hace 30 años cruzó con un fusil G-3, desarmando a guardias y vociferando contra el último de los Somoza.
Todavía tiene el mismo brillo en los ojos del 22 de agosto de 1978, cuando un grupo de 25 guerrilleros, con edades promedio de 17 a 20 años, levantaron armas y granadas, y tomaron por sorpresa el corazón político de la dictadura somocista.
Está rodeado por diez miembros del Comando Rigoberto López Pérez, relatando la operación “Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador”, que liberó a la mayoría de presos políticos de la guerrilla y relanzó al mundo al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) hasta derrotar a la dictadura somocista en julio de 1979.
El tiempo ha hecho mella en cada uno de estos hombres, que no dejan de observar al “Comandante Cero” y se emocionan al escuchar y recordar el relato del momento exacto cuando ingresaron, gracias a un golpe de audacia y valor, al hasta entonces invulnerable Palacio Nacional.
“Aquí venimos en una camioneta que la noche anterior pintamos en verde olivo, con una tolda cubierta, disimulada de la Guardia. Yo bajo, subo la tolda y el primero que sale es Israel. Le digo: a su puesto. Y él se para viendo al guardia”, cuenta Pastora.
Israel Ramírez Guevara, otro de los comandos, sigue el relato: “Eddy Chavarría, de Granada, y yo, fuimos los primeros en bajarnos del vehículo y posesionarnos de esta puerta. Cuando se parquea la camioneta, el comandante dijo: ¡Abajo todo el mundo! ¡Afuera!”
“Bajamos rápido, nos posicionamos, con el arma bala en boca, a la expectativa de cualquier movimiento. Las instrucciones del comandante eran no quitarle la vista de encima al hombre que está ahí, porque en

un momento de nerviosismo podía hacernos cualquier cosa”.
La puerta del costado este del Palacio no parece tan grande como les pareció a los guerrilleros hace

treinta años.
Ramírez no pierde el hilo de la narración: “En ese momento, el comandante Pastora pasa con el resto de los compañeros y le dice al guardia, sin quitarle la vista: ¡Viene el Jefe! ¡Viene el Jefe! ´Usted no puede estar armado, pase esto´. Y le quita el fusil. Mi misión en ese momento era sacar una cadena, de un bolso que traía, con un candado sin llave. Agarro las dos hojas de la puerta, meto la cadena, pongo el candado y cubrimos la siguiente posición que teníamos asignada”.
Pastora no deja escapar un detalle y toma la palabra: “Cuando el guardia me entrega el arma, yo le digo: ´¡Y mejor andate a la mierda antes que te murás!, ¡Hijueputa!´ Y salió ahí en carrera. Nosotros subimos

al segundo piso”.
Los primeros balazos
El grupo de viejos guerrilleros sube las mismas gradas de antaño del costado oriental del Palacio Nacional. Visten y calzan sencillo, no como hace 30 años, cuando llevaban impecable uniformes verde

Operación FSLNolivos y boinas confeccionados en la clandestinidad.
Llegan al segundo piso donde funcionaba el propio Congreso de la dictadura somocista. Recorren, de sur a norte, igual que el 22 de agosto de 1978, un corredor que los lleva a otro pasillo. Este los conduce directamente a la puerta de la vieja “Chanchera”, como se conocía al Poder Legislativo en tiempos de Somoza.
En el edifcio funcionaban la Cámara de Diputados, Ministerio de Hacienda, Ministerio de Gobernación y la Dirección General de Ingresos.
Adentro estaban funcionarios allegados estrechamente al propio dictador Anastasio Somoza Debayle: Luis Pallais Debayle, su primo y vicepresidente de la Cámara, José Antonio Mora, ministro de Gobernación y sucesor del tirano cuando viajaba fuera del país, el viceministro Adolfo de la Rocha. Francisco Argeñal Papi…
Pastora sigue contando, ahora a pocos pasos de la puerta principal del Congreso Nacional: “Le digo a Nicanor: ¡Nicanooor! ¡Allá! (Señala a su izquierda, en dirección al pasillo sur) Entonces dispara: ¡Bang!, ¡Bang!, ¡Bang! Con la gran suerte que el primero se lo pegó al guardia”.
El Comandante Cero no desaprovecha para exaltar a sus antiguos subordinados: “Habían sido probados y fogueados de que eran hombres valientes, porque en Monimbó, en toda Masaya, tres, cuatro de estos, en varias oportunidades, rodeaban un Becat con bombas de contacto y decían: ¡Manos Arriba! ¡FSLN! Eran chavalos todavía de 17, 18 y 19 años”.
A medida que el comando “Rigoberto López Pérez” se aproxima a la puerta de “La Chanchera”, algunos curiosos se aproximan y observan a parte del grupo que arrebató a la dictadura somocista medio millón de dólares y logró la publicación –en todos los medios de comunicación hablados, escritos y televisivos– de los “partes de guerra” del FSLN, que concentraban sus principales demandas sociales y políticas.
Entrada a “La Chanchera”:
“La muerte en las pestañas” Pastora y sus hombres llegan a la puerta de “La Chanchera”. Ahora es de madera, pero hace treinta años era de vidrio. Los recuerdos son inevitables: “Está ocurriendo normalmente la sesión, aprobando un paquete de impuestos. Entro y todos me están viendo. Tiré una ráfaga al aire con el G3 y pegué el grito: ¡La Guardia Nacional! ¡Cuerpo a tierra!”.
“Se tiraron todos debajo de los escritorios. Me vine caminando, vociferando, insultándolos para que les diera pánico y no se movieran, porque teníamos temor de que hubiera pánico colectivo, que todos salieran huyendo y tuviéramos que pararlos a golpes y balazos. Pero se inmovilizaron”.
“Era una cosa que parecía de brujería, de magia. Algo rarísimo. Un ambiente extraño. Todos los escritorios se movían y no se veía a nadie: debajo estaban ellos temblando. Me vine a la mesa directiva,

que estaba allá (señala al fondo del otrora Congreso)”.
Todos los comandos llevaban uniformes verde olivo, mangas remangadas, botines, totalmente disfrazados

de miembros de la genocida Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI). La ropa se confeccionó en Costa Rica y ninguno sabía que las costureras clandestinas cocieron –en el cuello de las camisas– imágenes de “La Magní?ca”, para protegerlos de todo mal.
“Y Luis Pallais –que siempre lo he dicho, se mantuvo sereno, ecuánime, nunca demostró miedo– me dice: O?cial, ¿qué pasa? Y le contesto: Ya vas a ver hijueputa que pasa. Entonces, me volteé, golpeé la mesa con el fusil y pegué un grito: ¡Este es el Ejército del pueblo” ¡El Frente Sandinista de Liberación Nacional! Inmediatamente sacamos un pañuelo rojinegro que todos llevábamos y nos lo pusimos al cuello. Vieron la muerte en las pestañas”.
El Comandante Cero no oculta la felicidad al evocar aquel momento: “Cuando ya sentí que el Congreso estaba en manos del Frente, emocionado y alegre me subí a una mesa, puse el fusil, y empecé a bailar zapateado, perdido de felicidad y de gozo”.
Las negociaciones y el francés
Pastora recuerda las horas de tensión que vivieron hace treinta años: “Suena el teléfono. Lo levanto y contesto como de costumbre: “Palacio Nacional, territorio libre de Nicaragua, habla el FSLN”. Oigo al otro lado del teléfono: ¿cómo está eso? ´Aquí Radio Caracol´, quiero un reporte de la situación. Reconozco inmediatamente la voz de Humberto Ortega”.
“Le dije que la cosa estaba delicada. Humberto me dijo: Tomá el mando político-militar, suspendé las negociaciones y vos ya sabés lo que tenés que hacer. Okidoki, cambio y fuera. Puse el teléfono. En ese

momento entraba el Cardenal”.
Los guerrilleros estaban armados de fusiles Garand, M2, Uzi, M3. “Cero” portaba un G3 comprado en Honduras, recuperado por militares de ese país en la guerra con El Salvador.
“Yo ya tengo decidido parar las negociaciones, cuando me di cuenta que estaba cansado. Y pienso: Somoza nos va a agarrar como pajaritos. Mi reacción fue enojarme. Me puse violento, me volteé a la mesa, di un golpe y estaba tan fundido que dije en francés (yo una vez hablé francés, hace 40-50 años): Soy yo el que mando aquí. Y se paran las negociaciones”.
El dictador cedió
“Le dimos al dictador sesenta minutos para aceptar las condiciones hasta donde se habían negociado o de lo contrario empezábamos a matar cada quince minutos un diputado. Y monseñor, el hoy Cardenal Miguel Obando, se fue con la nota. En ese alboroto, yo ordeno meter a todos (los rehenes) en un cuarto, ponerse

en ángulos de tiro, las granadas estaban listas para explotarlas, fusil bala en boca… fue el momento más delicado. Caras serias, largas, pálidas, de ellos y nosotros”.
“Monseñor se fue al cuarto y le dijo a los diputados: En estos momentos difíciles de peligro de muerte oremos a nuestro Señor y recemos un padrenuestro… Yo pecador, me confieso a Dios todopoderoso… Le entrego el papel a Monseñor y le digo: aligérese que el reloj empieza a caminar. Nos quedamos esperando”.
Pastora no escatima detalles para contar cómo todo llegó a su ?n: “Faltan 25 minutos, 20 minutos, 15 minutos, diez minutos… Cuando suena el teléfono: “Palacio Nacional, territorio libre de Nicaragua, habla el FSLN” Y oigo: Comandante Cero, el señor presidente aceptó todas las condiciones. Entonces, véngase pues para que detallemos aquí lo último. Puse el teléfono y me volteé a los diputados y les dije: Se salvaron. El dictador cedio”

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